Critica de la obra de Ansalone
En el año 1978 me encontré con una pintura de José Ansalone que llamó mi atención. Intenté averiguar y me resultó imposible, pero la recordaba. Era una cabeza pintada en acrílico que no superaba los 30 por 40 centímetros.
En 1981, de casualidad, me llegó un catálogo sobre la muestra que este pintor estaba realizando en España; entonces supe que era argentino y que su lugar de residencia era Buenos Aires. En el catálogo solo había una pintura que ya demostraba una gran evolución. Fue así que logré contactarme y recibí una serie de fotos que me confirmó la calidad de artista que había sospechado desde el primer trabajo visto en el 78.
Su trabajo no pasa desapercibido desde el momento en que se lo tiene delante. Hay en el una carga de tragedia que no logra disimular ni siquiera cuando se lo propone. Basado en un dibujo formal, sus figuras tratan de salirse de su lugar con un movimiento que por momentos parece torpe, que por momentos se entrelaza y que parte de un modelo primero armado, luego, si es necesario para su fin, desarticulado, como mostrando ese otro personaje que todos llevamos dentro.
El espacio para plasmar sus ideas fue creciendo a medida que pasó el tiempo; sus figuras son en su mayoría de tamaño natural y a veces me hace pensar que sus trabajos no caben en la tela. Hay algunos temas que lo obsesionan, pero esto es un mero pretexto para seguir creciendo.
Desde hace un tiempo mantengo con él una espaciada correspondencia en la que trato de hacer, desde mi lugar de crítico, un aporte teórico a su trabajo. En sus cartas repite hasta el cansancio que desecha la teoría, que sólo le interesa la práctica; esto sucede cuando le pido definiciones con respecto a alguna pintura en particular. Él toma una idea que lo ronda y la desarrolla en lo que llama "Series"; la explota hasta que esta se agota, pero viendo su obra, se descubre que pasado un tiempo, puede retornar como buscando apoyarse en algún personaje utilizado en trabajos anteriores. Así tiene series dedicadas a "Los Músicos de Tango", otra sobre "La Represión" que derivó en la muestra "Mano de Obra Desocupada", la de "Los Travestis", que es también una idea recurrente, o la de su búsqueda de identidad en la serie "Historia del Arte", cuando tratando de encontrar la línea de arte que lo contenga, realiza trabajos sobre "Los Grandes Maestros". Es así que pinta versiones de Caravaggio, Rubens, Velázquez, José Rivera, Goya, Manet. Es para mi gratificante ver que todavía existe la pintura de caballete y que Ansalone es un digno representante. Es decir, la idea o modelo, el material y el artista tienen en él la punta de esa trilogía que da la impresión de no agotarse nunca; que siempre un último trabajo puede ser el comienzo de otros; es por eso que le insisto en la necesidad de realizar más muestras de su obra. Sé de su personalidad autocrítica, de su frecuente sensación de no dar lo que se espera... Y por eso su tan espaciada participación en el mundo de la plástica que lo rodea.